Southside ya pasó y con ello la lluvia, el granizo, los relámpagos y el frío. Las eternas esperas de la ducha y la continua esperanza quebrantada en la búsqueda de algún baño digno de visita. El desayuno y almuerzo festivalero, el barro y las botas que compraré este año porque aprendí más de una lección este fin de semana. Además, la planificación del día en base a conciertos que es lejos la mejor experiencia que he vivido. Los recuerdos musicales, la imagen gráfica de
Kraftwerk, donde el acompañamiento no fue sólo digital sino también real gracias a los relámpagos espontáneos que hicieron presencia esa noche. O bien
Pixies, donde la atmósfera familiar hacía pensar que quizás ellos podrían ser tíos lejanos, de esos que te dan enseñanzas para toda la vida, de esos que se escuchan a pesar de los granizos que caen inesperadamente.
Franz Ferdinand, precisos como siempre, impecable presentación con un notable set list, ahí las hormonas hicieron su trabajo y la consigna fue clara: c
uanto más adelante mejor y por ello las tres chicas nos perdimos en la masa. El mismo día ya habíamos bailado hasta decir basta con
Gogol Bordello, el sonido festivalero digno del este europeo, que nos hizo dar vueltas y vueltas tratando de no caer al barro que a esa altura ya era parte de la suela de todos nuestros zapatos y pantalones. En cuanto a la alimentación sólo recuerdo el pedido de Heiße Schokolade mit Sahne
Chocolate caliente con crema ultra ñoño pero funcional para pasar el frío de la noche.
Y con todo ello, lo mejor se dio lugar la primera noche:
Nick Cave & The Bad Seeds.
Jamás había visto un concierto de esa magnitud, ni siquiera recuerdo el frío que tenía al inicio, sólo recuerdo la adrenalina al escuchar los temas que, amablemente seleccionados, pasaron por casi toda la discografía de esta gran banda. Yo esperaba un repertorio basado en el ultimo disco y, por el contrario, de él sólo escuchamos un par de singles. Gracias, es lo único que pasaba por mi cabeza cuando sonó
The Mercy Seat o con Red Right Hand o bien Stagger Lee porque tenía cero esperanza de escucharlas.
Creo que no puedo explicar la intensidad del show con palabras, al menos no con las mías. Fue casi una predica musical, pero de esas gringas, con saltos y catarsis, donde todo el mundo pierde la noción de conciencia, donde el tiempo no es el mismo, donde se pueden ver espasmos y llantos. Imágenes de terror mezcladas con la calma de aquellas canciones que daban un respiro. Fueron casi dos horas dónde no supe donde estaba, un bacanal de sonidos, grotesco, orgásmico y viceralmente elegante a la vez.
Hay que estar ahí para entender la religiosidad de esta banda, es una sesión que no se debe dejar pasar, si The Bad Seeds están cerca, se debe parar y escuchar. No hay como ellos, no hay como él.
Who's the man!, who's the fucking man!
Nick Cave.